

Cerca del 40 % de las personas mayores de 65 años y que hayan pasado por un parto vaginal podrían estar atravesando, muchas veces en silencio, por graves problemas de salud que afectan diariamente su calidad de vida y que podrían mejorar al visitar a un uroginecólogo.
Esta subespecialidad médica se enfoca en el diagnóstico, tratamiento y prevención de condiciones del tracto urinario (urología) y los órganos reproductores femeninos (ginecología). Busca mejorar la calidad de vida de quienes padecen trastornos relacionados con el suelo pélvico, que son el conjunto de músculos y tejidos que sostienen el útero, la vejiga y el recto, entre otros órganos, explicó el uroginecólogo Gustavo Sánchez Enriquez.
Principalmente, la uroginecología atiende a pacientes que sufren de prolapso del suelo pélvico, incontinencia urinaria y fecal, síndrome de la vejiga dolorosa –también conocido como cistitis intersticial– e infecciones complejas de la vulva y la vagina.
Prolapso del suelo pélvico
El envejecimiento, la obesidad y los partos vaginales pueden causar que se debilite el piso pélvico. Esto puede resultar en un prolapso, que es cuando estos órganos comienzan a hundirse en el canal vaginal o hasta salir por la abertura.
“La gran mayoría de las veces, cada vez que se embarazan y tienen un parto vaginal, el piso pélvico se dilata, pero no vuelve para atrás, al mismo tamaño, y se va quedando eso más relajado. Al pasar los años, que pierde el colágeno, entonces viene la caída del piso pélvico porque los ligamentos no lo soportan. También, si aumentan de peso, hace presión al piso pélvico y se va prolapsando hacia afuera”, explicó el uroginecólogo.
Además, apuntó que el 40 % de las personas de 65 años o más y que hayan tenido un parto vaginal están propensas a sufrir de esta condición.
“En los prolapsos, la paciente tiene un abultamiento que se le sale a través de la vagina”, describió.
Otros síntomas comunes, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, son la dificultad para comenzar a orinar, infecciones frecuentes del tracto urinario y sensación de pesadez, hinchazón o dolor en la vagina.
En ocasiones, esta condición puede ser tan grave que dificulta que las personas puedan sentarse.
Incontinencia
Si bien la caída del suelo pélvico puede causar incontinencia, lo cierto es que son dos afecciones distintas y no siempre están relacionadas.
La incontinencia, que puede ser urinaria o fecal, es la salida involuntaria de la orina o de las heces. La pérdida también puede ocurrir por esfuerzo, al toser, brincar o reír.
Esta condición, que es el problema más frecuente que atiende la uroginecología, puede también ser causada por lesiones en los nervios pélvicos o cambios hormonales, entre otros.
Lucha contra el silencio y el estigma
Aunque la visita a un uroginecólogo puede cambiar drásticamente la calidad de vida, estas condiciones son, en su mayoría, sufridas por pacientes que guardan silencio por miedo o por estigma, sostuvo Sánchez Enriquez.
Asimismo, resaltó las pésimas condiciones de vida que tienen las personas que atraviesan por esta afección.
“Su calidad de vida es grave, grave. No salen. Se deprimen. Primero, si tienen eso por fuera, tiene mal olor. Y si tienen incontinencia urinaria, pues no pueden estar en ningún sitio porque tienen que buscar un baño. Y si está asociado a la incontinencia fecal, que se le salen los excrementos, peor aún. Su calidad de vida es pésima”, aseguró.
Sin embargo, el experto destacó los cambios drásticos que viven las pacientes una vez acceden al tratamiento.
“Todas esas pacientes están calladas. Ahora es el momento de que busquen a un uroginecólogo. Sabemos atenderlas, sabemos el problema que tienen y podemos mejorar su calidad de vida de pésima a excelente”, dijo.
Tratamientos
El silencio de las pacientes podría estar basado en el desconocimiento de los tratamientos efectivos que hay en la actualidad, muchos de ellos sin la necesidad de cirugías. Por ejemplo, en el caso de los prolapsos, existen los pesarios vaginales.
“Utilizamos estos instrumentos, que son como una prótesis de silicón, que se introducen por la vagina y eleva todo lo que está prolapsado. Vienen de diferentes tamaños y formas”, detalló.
Solo las personas que están en etapas 3 y 4, que rondan entre el 12 y el 14 %, necesitan una operación. El resto puede ser atendido con pesarios y rutinas de ejercicios.
“Las cirugías son mínimamente invasivas porque el abordaje, en el 80 %, es vaginal. No hay que hacer ninguna incisión abdominal. Solo en algunas ocasiones subimos la vagina y la fijamos en un hueso en el sacro, pero eso se hace por laparoscopia o por robot, y son mínimamente invasivas. Las pacientes se operan, quizás se quedan un día en el hospital, y a las tres semanas están recuperadas completamente”, indicó.
Estas intervenciones “suelen ser de muy bajo riesgo”, afirmó el uroginecólogo, ya que las complicaciones son mínimas, con un promedio de menos del 2 % durante la cirugía. Además, las catalogó como “bien efectivas”, pues solo el 10 % presenta recurrencia tras 10 o 15 años de la operación.
En el caso de las incontinencias, el 80 % de las pacientes no suelen requerir intervención quirúrgica.
“Hay diferentes procedimientos que son mínimamente invasivos. Incluso, hay neuromoduladores, que son como un marcapaso, y es un procedimiento bien rápido y sencillo. Y les mejora. No están orinando a cada rato y son felices, sin medicamentos”, expresó.
Sánchez Enriquez les exhortó a las personas que atraviesan por estas afecciones a que hablen con sus médicos generalistas y le soliciten que las refiera a un uroginecólogo.
“En los hospitales Menonita damos este servicio completo. Lo más importante es que no se queden calladas, que busquen ayuda. Su calidad de vida va a mejorar considerablemente; quizás, hasta sin cirugía”, mencionó.
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