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Empresa contratada por la AAA comienza la siembra de nubes en las zonas de los embalses Carraízo y La Plata

El proyecto se implantó durante la sequía de 2015, cuando expertos advirtieron que no tendría un efecto significativo; ahora, levantan la misma advertencia

8 de septiembre de 2026 - 3:07 PM

Updated At

Actualizado el 8 de septiembre de 2026 - 6:41 PM

El “cloud seeding” estará a cargo de la empresa Seeding Operations & Atmospheric Research (SOAR), contratada por la AAA a razón de $66,500 mensuales. (Archivo)
Según el ingeniero Carlos Pesquera, el proyecto de siembra de nubes complementaría otras iniciativas del gobierno, como la rehabilitación de pozos en la zona norte, para atender la necesidad de agua en la zona metropolitana.

Pese a cuestionamientos sobre la efectividad de la técnica y experiencias pasadas de fracaso, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) contrató por la vía expedita a la compañía Seeding Operations & Atmospheric Research (SOAR), por $400,000, que sembrará nubes en las cuencas de los embalses Carraízo y La Plata para promover la producción de lluvia y mitigar los estragos de la sequía.

Se trata de la misma empresa que la AAA reclutó, en 2015, para inducir lluvias y escorrentías que contribuyeran a cancelar el racionamiento entonces vigente para Carraízo, La Plata y Cidra. Pero, el reporte final del proyecto reveló que, de 27 eventos en los que se dispararon bengalas de yoduro de plata y/o cloruro de calcio para provocar aguaceros en las nubes que se desplazaban por las cuencas de los ríos que nutren a los embalses, solo uno tuvo efectos significativos; tres, moderados; 16, mínimos; y siete, ninguno.

En aquel momento –y ahora–, científicos advirtieron que el “cloud seeding” no es efectivo en el trópico porque las condiciones del tiempo cambian rápido y el efecto de los vientos. La técnica, además, requiere la presencia de nubes para interceptarlas y apuntarlas hacia los embalses.

“Es un término medio raro porque, en verdad, no puede ocurrir si no hay humedad para ello. Es estimular que la humedad disponible se convierta en nube de lluvia”, expresó este martes el ingeniero Carlos Pesquera, nombrado por la gobernadora Jenniffer González como coordinador especial para la Estabilidad del Agua Potable, tras la reunión semanal del Comité de Sequía.

Agregó que el proyecto complementaría otras iniciativas del gobierno, como la rehabilitación de pozos en la zona norte, para atender la necesidad de agua en la zona metropolitana.

Frente a los cuestionamientos, el presidente ejecutivo de la AAA, Luis González Delgado, dijo, por su parte, que esta técnica es una alternativa fundamentada científicamente y utilizada en distintas partes del mundo.

“Ante el escenario que enfrentamos, nuestra responsabilidad es evaluar y utilizar aquellas herramientas que sean responsables, viables y que puedan contribuir a proteger la disponibilidad de agua para nuestra gente”, sostuvo.

Mientras, en una comparecencia separada, la gobernadora expresó que la siembra de nubes se utiliza en jurisdicciones como California y Texas, y confirmó que SOAR realizó la misma labor, en la isla, durante la sequía de 2015. “En aquel momento, lograron una tasa de precipitación de entre 5% a 15%, que, en el caso nuestro, para Carraízo y La Plata, 5% es oro, cuando no tenemos nada”, afirmó González.

Sin embargo, el reporte final del proyecto de 2015, de 144 páginas y que El Nuevo Día reseñó en junio de 2016, reza que “los datos disponibles permiten concluir que la efectividad de las inyecciones en inducir lluvia y escorrentía fue limitada”. Por ejemplo, el único evento descrito como “significativo” provocó aumentos de hasta 0.80 pulgadas de lluvia.

Este año, el proyecto se discutió en agosto, pero no se implantó hasta el 5 de septiembre, cuando se realizó el primer vuelo tras culminar un período de polvo del Sahara, detalló González. “Tenemos que aprovechar cada vez que haya un frente de nubes, ya sea de tormenta tropical o de vaguadas. De vaguadas, hay mayor probabilidad de éxito; aprovechar esa nube que vaya pasando y sembrar nubes”, añadió.

La AAA compartió copia de una “Notificación de orden de compras de emergencia”, con fecha del 19 de agosto, que establece que la oferta que SOAR sometió para “trabajos de modificación de clima” fue aceptada; que los trabajos solicitados son para “corregir una situación de emergencia”; y que la “contratación directa será bajo los términos y condiciones de un proceso expedito”. El “pedido de compra” a SOAR, con fecha del 22 de agosto, valida el costo de $400,000, por dos meses.

Como parte de los trabajos, SOAR identificará las ventanas en las que las condiciones atmosféricas sean propicias, a fin de maximizar las posibilidades de obtener resultados favorables.

“Si cae más agua, entre 5% a 15% donde tiene que caer, nos pudiese ayudar específicamente en La Plata, en el lago de Cidra y en Carraízo, que son, en este momento, los tres embalses con mayor uso y los que siguen llamando nuestra atención”, reiteró la gobernadora.

Efectividad en entredicho

Según el ecólogo, ingeniero y miembro del Comité de Expertos y Asesores sobre Cambio Climático, Carl Soderberg, tanto la Organización Meteorológica Mundial como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica han advertido que “el sembrado de nubes no funciona en islas”.

“También, hay que ver que, cuando se sembraron las nubes en 2015, tampoco funcionó”, recalcó.

Mientras, el meteorólogo Ernesto Morales, coordinador de avisos del Servicio Nacional de Meteorología, indicó que es difícil que estas operaciones produzcan resultados significativos en islas y en el trópico.

“En el caso de Puerto Rico, quizás, incrementa la lluvia, pero no te asegura exactamente dónde va a caer. Tiene que haber una planificación y un entendimiento real de lo que se está haciendo. Es difícil saber dónde sembrar para que caiga la lluvia donde uno quiere”, dijo, evocando su advertencia de 2015.

El científico ambiental Pablo Méndez Lázaro, quien formó parte del Comité Técnico de Sequía en 2015, añadió que, si bien la siembra de nubes puede incrementar la probabilidad de lluvia entre un 20% y 30% en lugares tropicales, es “como jugar tiro al blanco”, pues otros factores variables pueden afectar el resultado.

“Cuando lo haces en una cuenca hidrográfica tan grande como el río Mississippi o en el Amazonas, caiga donde caiga, tú sabes que va a caer dentro de la cuenca. Estamos hablando de millones de kilómetros cuadrados. Pero, cuando estamos hablando de cuencas tan pequeñas como el caso de Puerto Rico, la realidad es que tú puedes sembrar la nube en Gurabo y, entonces, cambia el viento y llovió en Luquillo”, explicó.

Para Méndez Lázaro, ahora, el “problema principal” de la AAA es que dio paso al proyecto sin dejarle saber al pueblo. “En aquel momento (2015), se hizo públicamente y se le dijo a todo el mundo ‘se está haciendo esto, costó tanto, vamos a invertir tanto dinero en esto’, con transparencia. Hay una gran diferencia en que ha habido un secreto al momento de hacer estas gestiones”, denunció el también profesor universitario.

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Gloria Ruiz Kuilan colaboró en esta historia.

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