

El presente de mi país, Haití, puede ser caracterizado como un caso trágico. Pero nunca se debe ver como un caso de completa desesperación. Hay muchas oportunidades alcanzables para su población. Seré el primero en reconocer también que existen retos formidables. Argumento que se puede identificar sin pasión ambas situaciones y forjar la voluntad interna y externa de facilitar un periodo sostenido de mejoramiento socioeconómico. Seré también el primero en reconocer que la partida no está ganada desde un principio. Pero se puede ganar.
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