Puerto Rico ha vivido durante los pasados meses una inquietante seguidilla de tragedias viales que abonan a la sensación, que no le es ajena a casi nadie en nuestro país, de que nuestras carreteras son tierra de nadie y que la velocidad, el alcohol, la temeridad y la pusilanimidad de las autoridades son un riesgo para todos los ciudadanos.
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A garantizar la paz en las carreteras
Nota de archivo
Esta historia fue publicada hace más de 1 mes.