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En Brasil es así: cada decisión de un entrenador de fútbol se cataloga según el resultado que sigue. Si ganas, es convicción. Si pierdes, es testarudez, terquedad. El seleccionador de la selección brasileña, Tite, acaba de situarse en esta encrucijada al convocar a Daniel Alves, de 39 años, para disputar el Mundial de Qatar. En la superficie, no habría nada de malo en esa decisión. Daniel es un ganador serial, ha ganado incontables títulos, está en buena forma física según los exámenes aprobados por la propia comisión técnica de la CBF y es capaz de cumplir tácticamente lo que Tite quiere de él, y de cualquier lateral derecho en su sistema táctico.
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