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La desgracia ocurrida recientemente en Surfside, Florida, hace recordar el dicho de que la naturaleza no perdona y no descansa. Uno pudiera entender, hace 30 o más años, la insistencia de querer construir cerca de la orilla del mar, mientras más cerca mejor. Pero hoy día, con tanta información, a nivel mundial y local, de las nefastas consecuencias de ese capricho, el que todavía haya organizaciones profesionales en la isla que quieran ir en esa dirección, hacia el mar, tal y como los míticos lémures de Noruega, es algo difícil de comprender. Y más aun cuando se ha explicado a la saciedad sobre cómo ese deseo “lemurístico” acaba con nuestras bellas costas y playas.
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