
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La pasada semana se discutió el hecho de que era necesario importar trabajadores para la agricultura y la construcción ante la escasez de trabajadores locales que estén dispuestos a hacerlo. Fue penoso escuchar expresiones desafortunadas —que en ocasiones se repiten— para referirse a la supuesta falta de laboriosidad de nuestros compatriotas. Recuerdo la primera vez que escuché una expresión de esa naturaleza. En la escuela intermedia, cuando estábamos discutiendo los problemas económicos del país, un compañero de salón expresó que el problema era que los puertorriqueños eran vagos. A esa temprana edad, mi reacción fue espontánea y orgánica, de molestia, y le indiqué que estaba equivocado; que, por ejemplo, todos mis familiares, vecinos y conocidos —y los de él también— estaban en la fuerza laboral del país. El entonces jovencito (y hoy cirujano) se limitó a replicar que eso él lo había escuchado “en algún lado”.
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