

No comparto ese optimismo extremo e ingenuo de quienes creen que los puertorriqueños pueden impedir o lograr la estadidad por su propia y exclusiva voluntad; o que manifestar (en urnas, marchas o piquetes) su rechazo o apego al anexionismo va a convencer a los congresistas de que la anexión es o no es una alternativa descolonizadora; y que representa o no la voluntad de la ciudadanía isleña. La realidad es que al poder político en la metrópoli imperial le importa un bledo lo que quieran o no los puertorriqueños; y nuestras expresiones preferenciales sobre la cuestión de estatus, si no les son indiferentes pues, risibles les han sido y les serán...
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