

Siempre que se mencionan transferencias federales, sean estas devengadas, porque ha mediado una cotización, como el Seguro Social, u otorgadas, porque no se ha realizado un pago para ser elegible, como el Programa de Asistencia Nutricional, se avivan pasiones y esperanzas en Puerto Rico. Esto no debe ser motivo de sorpresa, sobre todo si se consideran los indicadores de pobreza y desigualdad prevalecientes, a lo que se suma la disfunción del mercado laboral junto a la carencia de planes de desarrollo e incapacidad fiscal del gobierno en un país que se ha convertido en una plaza apetecible para la cacería de rentas: privilegios fiscales, contratos leoninos, juegos contables, robos… Huelga decirlo, todo esto animado por la actividad de la “inversión política”.
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