

En 2021, publiqué una columna en este rotativo en la que describía al Partido Nuevo Progresista (PNP) como “a la misma vez, el movimiento político más exitoso de las pasadas tres décadas y el más malogrado”. Este cuatrienio me ha dado la razón. De haber alcanzado un inédito 52.5% a favor de la estadidad en 2020, la anexión aparenta haberse estancado o retrocedido, según todas las encuestas, y el independentismo está más cerca que nunca de las palancas del poder. El responsable de este desenlace es el propio PNP, que durante ocho largos años y con tres mandatarios, ha gobernado con insensibilidad y torpeza, motivados -muchos de sus líderes- por el lucro individual y no el bien colectivo.
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