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Para describir la indiferencia, un virus que nos corroe, podemos recurrir al diccionario que nos da sinónimos como desinterés, apatía o indolencia. También podríamos hurgar en los veintitrés versículos de la Biblia sobre ese tema donde, en muchos de ellos, Jesús arremete con palabras duras contra los indiferentes. O simplemente pongamos el oído en tierra donde escuchamos con frecuencia el “a mí me importa un bledo tal o cual cosa”. Ser indiferente es una protección emocional que el ser humano adopta para no tomar acción o asumir responsabilidad sobre aquello que le duele.
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