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Una persona entra a una agencia de gobierno buscando un servicio. La persona que se supone le atienda no está disponible para ofrecer el servicio específico. Entonces le toca a la persona que supervisa a ese empleado público buscar la forma de suplir la necesidad del ciudadano. Es la norma en el gobierno todos los días. De esa forma se administra el servicio público desde hace décadas. Esto no le hace daño, ni discrimina contra nadie, pues dependiendo de la rapidez con la que se pueda ofrecer servicio que de primera intención no estuvo disponible, se satisface la necesidad del ciudadano. Un caso a la vez.
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