


Puerto Rico volvió a estremecerse hace unos días ante un caso que resulta difícil leer sin sentir indignación. Un niño de cinco años presuntamente sufrió un patrón de maltrato que incluyó una fractura, quemaduras severas y la pérdida de varios dedos de un pie después de que, según la investigación de las autoridades, su pierna fuera introducida en un recipiente con agua hirviendo. Siete adultos, incluyendo sus padres biológicos, enfrentan cargos relacionados con estos hechos. Más allá del proceso penal, este caso obliga a formular una pregunta dolorosa: ¿cuántos adultos tienen que ver el sufrimiento de un niño antes de que alguien decida protegerlo?

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