

Toda mujer que ha caminado sola por la noche en un estacionamiento sabe que eso asusta, que se aprieta el paso y se mira hacia todos lados, rogándole a Dios que pueda entrar a salvo a su automóvil. Si cuando está llegando se da cuenta de que hay un hombre esperándola, acechándola, se sentirá aterrada. Muchas veces me he imaginado a Andrea Ruiz Costas en esa situación, tal como se lo narró a la jueza cuando fue a pedirle protección, al declarar que salía de noche de su trabajo y en el estacionamiento estaba su expareja, esperándola en la oscuridad.
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