

La cuenta regresiva para la aprobación del Plan de Ajuste de Deuda ya comenzó y con ese descontar del tiempo se asoma una dura realidad para los maestros y docentes del Departamento de Educación. Me refiero a los maestros y empleados como yo, que están en el salón de clases y en las escuelas; aquellos que después del azote de los huracanes Irma y María, de los terremotos en el sur y durante la pandemia no claudicamos a nuestro deber de ofrecer el pan de la enseñanza. Aquellos que todos los años sacamos dinero y recursos de nuestros lastimados bolsillos para que a nuestros estudiantes no les falte nada en el salón de clases.
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