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Desde los buenos resultados electorales del MVC y del PIP en 2020, ha sido evidente que los dos partidos que vienen disputándose el poder volvieron a juntarse para definir un enemigo común: la Alianza. Primero, la bautizaron como mogolla; luego como peligrosa, comunista, extremista, anticapitalista, infantil, inexperta y poco confiable. Ambos PNP y PPD venían perdiendo votos en las últimas cuatro elecciones; la corrupción se había instalado descaradamente en la gestión pública y la mayoría de los legisladores y funcionarios vivían enajenados de la dura realidad cotidiana de la población de a pie. Teniendo acceso a recursos cuantiosos, encendieron la maquinaria para desprestigiar y demonizar a quienes habían puesto oído en tierra para unir voluntades y generar fuerza política, a fin de atender las necesidades y reclamos de la mayoría de la población
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