Pues qué le digo a mi curioso lector. Tanta fue la confusión y el tirijala entre el bautismo y el bautizo, que por poco rompen la pila bautismal. ¿Y quién triunfó? ¿Pues quién va a ser? La fuerza del consenso entre los hablantes. Hoy día bautismo y bautizo comparten significados. Mire, si no lo sabía, sepa que hace un tiempo bautizo y bautismo tenían significados diferentes. Pero los hablantes constantemente las confundían y las empleaban de modo indistinto. La diferencia antes era la siguiente: bautismo - primer sacramento del cristianismo; bautizo - acción de bautizar. Como ve, la primera es un sustantivo, el nombre de la ceremonia (y la fiestecita después), mientras que la segunda era (y sigue siendo) el verbo. Bautizo antes era solamente la acción en concreto, es decir, echarle el agua bendita en la cabecita al bautizado. Entonces yo bautizo, tú bautizas, él bautiza.... De ahí que expresiones como: “Te invito al bautizo de mi hijo” y “Recuerdo de mi bautizo” eran errores o, como diría un purista, “horrores” de los hablantes. ¿Y qué pasó? Pues que la lengua es suya y mía, y de su vecino, y de todos los que la hablamos, bautizados o no. De manera que si ese todo decide que bautismo y bautizo van a compartir el significado de fiestecita y sacramento, pues santo y bueno, y sanseacabó. Ojo, el verbo bautizar sigue cumpliendo su función como presente del indicativo de la primera persona singular. Por lo tanto yo bautizo y, de un tiempo a esta parte, también puedo ser invitada al bautizo. Ya lo sabe la próxima vez que lo regañen, explíquele a la persona que la lengua tiene padrino, y es usted.
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