

No se asusten por el título de esta columna aquellos que hayan leído sobre mi absoluto rechazo a lo que representa Mr. Donald Trump en la política nacional, que en nada ha variado, sino incrementado a cada nuevo episodio de blasfemia ideológica o programática que surge de su presidencia. El agradecimiento a Trump va en otra dirección. Le agradezco el cambio afortunado que sus desaciertos provocan en la psiquis y conducta de los ciudadanos estadounidenses de origen puertorriqueño, tanto en los de acá como en los que viven por allá al “otro lado del charco”, en los estados continentales, incluido el archipiélago de Hawái.
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